Aliméntate mejor: sin prisa, sin culpa, sin obsesiones

Para explicar mi perspectiva sobre este tema comparto en abierto el primer capítulo del material disponible en el club privado para las suscriptoras llamado: El camino de la alimentación sana, una perspectiva slow. 


 

¿Cuántas veces a lo largo de tu vida has escuchado a hablar de la importancia de cuidar nuestra salud y de lo vital que es para ello una alimentación sana? Yo muchísimas.

Creo que la primera vez que empecé a interesarme por el tema fue, como le sucedió a gran parte de mi generación, viendo aquella serie de dibujos animados francesa, “Érase una vez la vida”. Esta serie nos entretenía pero, a la vez, nos mostraba de un modo totalmente distinto al que habíamos visto en los libros del colegio, el funcionamiento de nuestro cuerpo por dentro.

 Al principio de mi adolescencia, sobre el 97, recuerdo con especial curiosidad algunos ratos pasados en la salita de la casa del pueblo con mi abuela, escuchando al doctor de “Saber Vivir” y, sobre todo, aquel programa de tanto éxito que presentaba el naturópata Txumari Alfaro, “La botica de la abuela” y que me gustaba muchísimo.

Estos dos retazos de historias son los únicos momentos en que me recuerdo prestando especial atención al tema de la salud y la alimentación y así sucedió hasta el año en que llegó a mis manos un libro llamado “Un cuerpo para toda la vida” cuyo autor era curiosamente Txumari Alfaro.

 

La época en que llegó a mis manos, ya no correspondía a la de una chica de 14 años despreocupada. Me había convertido en una adulta de 26 que siempre se había considerado feliz. Sin embargo, debajo de la superficie, algo no andaba bien. Todos tenemos nuestra particular historia de crisis existencial, de esas que llegan y lo cambian todo, le ponen nombre a tus miedos y, tras un tiempo pasándolo no demasiado bien, empiezas a vivir despierta.

 

Me parece increíble poder haber resumido esta etapa en tan sólo tres líneas porque lo cierto es que fue una de las etapas más raras y, a la vez, más esenciales de mi vida. Ya sabéis eso de: “Podría no haber pasado pero si no hubiera pasado, ¿sería la persona que soy hoy?”. Cuando pasa el tiempo y te encuentras bien sabes que la crisis te enseñan de un modo mucho más eficaz e intenso que lo que se aprende sin ellas.

Conocerme a mi misma y superar todos los miedos que albergaba me llevaron, pasado un tiempo, a comenzar a interesarme por otros aspectos que no son más que consecuencias lógicas del camino del auto aprendizaje. Durante la que llamaré “mi etapa de transición” había leído el libro de Txumari Alfaro con una atención y una curiosidad tales que apenas me duró unos días. Era todo un mundo nuevo y desconocido para mi.

He tenido la gran fortuna de crecer junto a una madre para la que la cocina no sólo es su pasión sino que se le da realmente bien. En casa siempre hemos comido de manera equilibrada y rica. Somos comensales privilegiados de auténtica “comida slow” cocinada con calma y cariño pero leyendo el libro me di cuenta que había algo más allá que comenzaba a apasionarme.

Txumari hablaba de tóxinas, acumuladas en el cuerpo durante años por una mala alimentación, por falta de ejercicio o por otros hábitos de vida poco saludables, pero iba más allá y relacionaba la falta de salud con estados anímicos.

 

Hasta entonces no me había parado a relacionar algo tan básico. Ahora veo totalmente natural que si alguien está estresado, se exige demasiado, trata de complacer en exceso a los demás, tiene problemas para comunicar lo que siente o está cargado de problemas externos, su salud se debilite. Escrito así parece muy obvio pero la mayoría del tiempo vamos tan rápido que ni siquiera nos paramos a pensarlo.

 

El clásico ejemplo es la pequeña historia del hombre que va al médico porque le duele la cabeza a diario. El doctor le receta unas pastillas y, al cabo del tiempo, el paciente vuelve a consulta porque el dolor no ha remitido. El problema es que este hombre veía la televisión diariamente mirando hacia arriba ya que estaba colocada en un soporte demasiado alto en la pared y, el mal hábito con el cuello, le causaba este dolor. Era tan sencillo como bajar la televisión.

Este ejemplo, al igual que el de aquel que se toma un analgésico a la primera de cambio, en lugar de pararse a pensar por qué le duele la cabeza para llegar a las causas reales y evitarlos, nos permite darnos cuenta de que la velocidad en nuestro estilo de vida nos convierte en personas poco reflexivas que buscan la solución urgente sin más.

Nos duele la cabeza y queremos que el dolor se vaya ya pero quizás menos horas de trabajo, cambios en el carácter, deporte, una mejor alimentación o más tiempo al aire libre hagan totalmente prescindible la pastilla o, incluso, hagan remitir ese dolor. Por eso me parece tan buena la idea de un diario personal de nuestra salud que registre distintos relatos acerca de cómo vamos conociendo más y más nuestro cuerpo, que una vez escuche recomendar a David Serrato. Aunque tengo que confesar que es algo que aún no he llevado a la práctica.

 

Nos pasamos el tiempo callando los síntomas, haciendo oídos sordos a las señales que nos manda nuestro cuerpo.

 

Hemos olvidado el verdadero sabor de los alimentos eclipsando el sentido del gusto por otros sentidos como el de la vista o el oído ante las pantallas. Hemos perdido el instinto del hambre y del sueño. Comemos y dormimos cuando y cómo el reloj nos marca y olvidamos que hubo un tiempo en el que el ritmo lo marcaba nuestro propio reloj interno.

Si ahora mismo hiciéramos un viaje al pasado, a un mundo sin relojes previo a la revolución industrial, podríamos darnos cuenta de la certeza de algo que está tan integrado en nuestro día a día, que parece que siempre fue así. Pero hubo un tiempo en el que comíamos cuando teníamos hambre, dormíamos cuando teníamos sueño o cuando marcaba el sol y bebíamos cuando teníamos sed.

No digo yo que volvamos a hacerlo de esta manera pero si que seamos consciente de que nuestro reloj biológico sigue dentro de nosotros, esperando a ser despertado cuando sea posible.

El modo en que comes en casa desde pequeño determina, sin duda, tu futura relación con la comida. Quizás también que te guste o no cocinar. En mi casa, tanto mi hermano como yo, disfrutamos metiéndonos en la cocina sin prisas a preparar algo al igual que con la lectura de un buen libro como hemos visto hacer en casa desde pequeños. Sin embargo, más allá de tener la cocina o no como hobby y más importante que todos los libros del mundo sobre dietas está la necesidad de parar y escucharnos.

 

Si en estos momentos o, incluso desde hace mucho, estás intentando comer más sano sin extremismos y disfrutando con ello y te pierdes entre libros e informaciones has llegado al lugar adecuado. Si aún no has vivido esta etapa, necesitas una antesala.

 

No soy una experta en nutrición y, por tanto, no puedo ofrecerte ni me atrevería a hacerlo información sobre el tipo de dieta que te conviene pero, eso si, puedo ofrecerte un lugar donde aprender juntos a transitar esa habitación previa en la que vamos, por fin, a escucharnos de verdad.

 

Me gustaría ofrecerte lo que se: aquellos conceptos básicos que supondrán pequeños grandes descubrimientos en nuestra día a día y la parte más práctica de lo que, al menos a mi, me funciona hoy en día.

 

Es cierto que puede que lo que a mi me funcione a ti no. Cada cuerpo y cada vida es un mundo pero existen determinados aspectos básicos comunes a los que he llegado tras algunos años leyendo, experimentando y asistiendo a algún que otro taller y confío en que pueden servirte de inspiración. No olvides que esto no es un curso, es un viaje donde te cuento mis experiencias, te escucho y trato de inspirarte pero se, del mismo modo, que yo podré aprender y crecer con tu testimonio.

 

Por otro lado, no voy a olvidarme de la parte más divertida: la slow food tiene que acompañarnos en este viaje.

 

Como le sucedió a aquella pareja londinenses que Carl Honoré cita en su libro, vamos a tratar de re-enamorarnos de una de las principales fuentes de placer del mundo: un paseo en soledad o acompañado por un mercado lleno de colores y alimentos frescos, llegar a casa, poner una canción especial (quizás La vie en Rose), disfrutar del placer de preparar un plato sin prisas, sin expectativas y con mucho cariño (casi más como una terapia que como una mera actividad doméstica) y dedicar tiempo y concentración a degustarla, darle una oportunidad a nuestro estresado paladar, compartirla en una cena cuidadosamente preparada con la gente que nos importa entre risas y una buena conversación.

Sobre este tema, blogs de cocina originales, recetas que suelo hacer, imprescindibles de mi despensa y cómo hacerlo divertido vamos a hablar largo y tendido durante este año en El Club privado.

 

A modo de conclusión. Lo único que en estos momentos me preocupa en relación a la comida es alimentarme de un modo sano sin extremos y divertirme mientras lo hago.  

 

  • Me encanta intentar calcar los platos tradicionales que he visto en casa a mi madre y abuela (aunque no me salgan igual) y, a la vez, disfruto explorando nuevos sabores, viendo recetas en blogs de cocina distintos a lo habitual o asistiendo a talleres de, por ejemplo, cocina ayurvédica, leyendo sobre el tema e incorporado a mis platos recetas vegetarianas y de otros países.
  • Si hay algo que tengo claro es que adentrarte en el mundo de la alimentación sana es pasar por una fase en la que te sientes confundida porque lees libros en los que invitan a descartar casi todo lo que comes actualmente, otros se contradicen entre si y, en algunas ocasiones, parece que la única manera de alimentarte bien es comprar exclusivamente en herboristerías o ecológico.
  • Creo que el secreto es coger lo mejor de cada libro, de cada autor o de cada modo de alimentación, no obsesionarse y adaptarlo a ti, a tus circunstancias y a tu filosofía de vida. Una vez más mi mente tira al equilibrio y a tratar de hacerlo todo con fluidez no con normas estrictas que hagan peor el remedio que la enfermedad.

 

En el curso “La Cocina de Mamen & Mia” tratamos a fondo este tema. Si te unes tendrás acceso al resto de lecciones y te llevarás un ebook y un curso de cuatro semanas,

PRIMERA PARADA. INTRODUCCIÓN.

  • Cómo empecé a interesarme por la alimentación sana.
  • La forma en que te alimentas desde pequeño determina tu relación con la comida.
  • La antesala de una relación sana con la comida, sin extremismos ni obsesiones.

 

SEGUNDA PARADA. LA LECHE.

  • El falso mito sobre el calcio.
  • La naturaleza no ha diseñado la leche de vaca para nosotros.
  •  ¿Significa esto que debes dejar de tomar leche o que la leche te va a provocar problemas de salud?
  • ¿Qué conclusión sacar de este articulo?
  • ¿Qué pasos he dado yo al respecto?
  • Mi experiencia con las leches vegetales.
  • Endulzantes. ¡Bye bye azúcar!

 

TERCERA PARADA.  RECOMENDACIONES PARA VIAJEROS QUE COMIENZAN EL CAMINO. 

  • Dudas y reflexiones de una pasajera acerca del proceso de alimentarse mejor y de su lectura del libro “Flexivegetarianos” de Ana Moreno.
  • Recordando la filosofía de este viaje: sin prisa, sin culpas, sin obsesiones.
  • Errores habituales: obsesionarse y querer cambiarlo todo de golpe.
  • Del arrebato inicial a actuar con calma y sentido común.
  • Eliminar alimentos como primer paso. Reducir: leche de vaca, harinas y azúcares. Comer más frutas y verduras. Eliminar los refrescos.
  • Añadir nuevos ingredientes como segundo paso. Datos prácticos sobre: crema de almendras y semillas.
  • Conocer la clasificación de alimentos y combinarnos perfectamente como segundo paso.
  • Mis cambios + Algunos trucos y recursos extras.

CUARTA PARADA.  NO INVITES AL ESTRÉS A TU MESA. PLANIFICA Y DISFRUTA.

  • ¿Cuánto hace que no disfrutas así de un plato?
  • Las ventajas de planificar el menú.
  • Pasando a la acción.
  • Música para cocinar sin prisas.

 

QUINTA PARADA.  Mi despensa.

 

SEXTA PARADA. PARA NUTRIR BIEN TU CUERPO, NUTRE ANTES TU ALMA Y TU MENTE.

  • Lee esta parada si sientes que el proceso no termina de funcionar del todo o si necesitas un extra de motivación para el cambio de hábito.
  • Ve el vídeo de Suzanne Powell.
  • Descubre aspectos básicos del cambio de hábitos alimenticios contados por ella.