armario

 

“El minimalismo es una manera de volver a hacer elecciones conscientes y vivir con intención, en lugar de permitir que otros dicten cómo gastar nuestro tiempo o dinero”.

 

Este verano te propongo que pesquemos – en el mar o en cualquier charca – a nuestra niña interior para sacarla a la superficie y transformar esta época del año en la excusa perfecta para sentirnos más libres y ligeras. Te invito a suscribirte al boletín para recibir cada miércoles en tu bandeja de entrada el reto con los recursos para rescatar a tu niña, de cada semana. 

Cada reto será también publicado en el blog pero si te suscribes aquí podrás acceder además a recursos extras sobre cada uno de ellos.

Después podemos ir a las redes con el hastag #rescatala a contarle al mundo de qué manera estás liberando a esa niña después de un largo invierno de trabajo y prisas, de vida puramente de adultas. 

Lo mejor de todo es que al rescatar a tu niña podrás hacer que otras u otros de tu entorno rescaten también a los suyos. Todos necesitamos un poco de diversión, de consciencia en el presente, un toque de inocencia y de sorpresa por la vida, tiempo para disfrutar de nuestros hobbies de infancia y para llenar un verano de aventuras que nos haga volver con las pilas cargadas a la vuelta al cole.

Ya sabes que soy una apasionada de las historias por lo que comienzo el reto de hoy con una de ellas.

 La historia que voy a contarte es de las dos y para las dos. En mi caso comenzó hace cuatro años un caluroso día de primavera delante de una puerta: la de mi armario.

Recuerdo haber leído algo sobre minimalismo en algún lado y sentir una conexión total con esas palabras, como si hubieran estado dormidas en mi interior durante años y explotaran de repente.

Sin embargo antes de llegar a este pasado reciente debemos trasladarnos varias décadas atrás en el tiempo. Vamos un poco lejos pero, no importa. Sólo para coger impulso y comprender, nos colamos en ese momento en que nacimos.

Acabamos de conocer nuestra casa por primera vez y allí en la habitación que se convertirá en nuestro mi primer viaje vital, encontramos nuestro armario.

Abrimos puertas y cajones con la imaginación y tratamos de adivinar cómo sería.

Yo lo imagino muy limpio, organizado con mucho mimo y lleno de prendas, posiblemente, en tonos pastel y rosa comprados por mis padres y regalados con muchísima ilusión por familiares y amigos.

 

En esta primera etapa de nuestra vida el armario era un reflejo del amor con que nos recibieron.

En los primeros años de nuestra vida, a medida que crecíamos, un ropero no era algo demasiado importante en nuestro mundo lleno de juegos y de cosas nuevas e interesantes por descubrir.

Era tan sólo un lugar que contenía ropa y que mamá llenaba y organizaba por completo.

Nosotras sólo debíamos ocuparnos de estar quietas mientras ella nos vestía y, una vez hecho, ¡vía libre para seguir viviendo!

Íbamos al colegio, a la piscina, a jugar a la calle, a la feria y todo ese tiempo nuestra relación con el armario y la ropa no era más que un puro trámite, algo que ocupaba un pequeñísimo porcentaje de nuestra energía y tiempo.

Si alguna vez pasábamos ante el cristal de un coche y nos reflejábamos en él nos colocábamos la coleta o el flequillo y seguíamos nuestro camino: sin juzgarnos. Así de simple…

 

Esta historia continúa algunos años después, en los que este mueble comienza a significar algo más para ti y para mi.

Se llena de bermudas con colores estrambóticos, de chándales con brillo, de vestidos con mangas bullonas, de vaqueros con corazones bordados en el bolsillo, de cazadoras, minis de pana y zapatillas noventeras de colores.

La ropa ya no es sólo una forma de cubrirse: es algo más. Nos miramos más en es espejo del baño encaramadas en un pequeño taburete y nos encanta peinar nuestra coleta al lado, hacernos mini trenzas y colorear, a veces, nuestros labios con pintalabios de mamá para sentirnos mayores.

Cuando me veo en las fotos de esa época contemplo una mini versión de mi misma relajada, plena, feliz y muy coqueta. ¡Sin complejos!

¿Recuerdas tú también así a esta anterior versión de ti misma?, ¿A qué época pertenece?

Sólo unos años después ha llegado la preadolescencia y empezamos a “odiar” esas mangas bullonas, esos encajes y volantes y esos vestidos y faldas plisadas que nos hacen sentir demasiado pequeñas.

El terremoto de la adolescencia ha llegado y ansiamos impacientes el momento en que nuestro armario sea de nuestra potestad y tengamos total y completo control sobre lo que allí entra.

rescatala

La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entonces, puedo cambiar. (Carl Rogers)

 

De la adolescencia a la treintena se abre una etapa de relaciones complicadas con nuestro armario.

Pasamos demasiado tiempo delante de él. Buscamos encontrar aquellas prendas perfectas que nos hagan sentir bien. Nos comparamos…

Especialmente en la adolescencia, prácticamente, somos nuestra ropa. Ahora si nos juzgamos y juzgamos a otras por lo que llevan.

Empezamos a escuchar frases como: la gordita de la clase, la bajita, la de las gafas,.. mira lo que lleva esa puesto, no le queda bien, no pega, etc.

Por supuesto, tampoco nos olvidamos de juzgarnos a nosotras mismas. Pasamos delante del cristal de un coche y al ver nuestro reflejo hacemos una mueca de disgusto. Podría estar mejor…

 

Crecemos y el tiempo se va haciendo cada vez menor. Tenemos prisa… y, sin embargo, seguimos pasando demasiado tiempo ante ese mueble tan inofensivo tiempo atrás.

Tenemos que estudiar, trabajar, atender obligaciones pero no podemos olvidarnos de lucir de un modo adecuado sin olvidarnos de depilarnos, ir de compras, mantener a punto ropa de no muy buena calidad comprada en franquicias que nos obliga a seguir visitando el centro comercial a menudo.

En este ir y venir de obligaciones y autoexigencias, en este armario ya no queda casi nada de aquel mimo y amor con los que nuestra madre y familiares prepararon nuestra ropa de niñas.

Ya no es tan fácil encontrar ropa de tan buena calidad y, además de ello, nos hemos olvidado de tomar ese amor con que nos recibieron y mantenerlo en el armario.

 

Nos exigimos por encima de nuestras posibilidades hasta que, un día, decimos basta y nos encontramos con nuestra versión más primitiva.

Esa niña que llega a casa por primera vez y en algún lugar de su interior sabe ya que todo está bien, que no tiene que esforzarse para ser nada, que no se compara con otros bebés, que no se preocupa, se ocupa.

Esa niña que mientras crece sabe lo que quiere, lo que le gusta y lo que le sienta bien con total seguridad aunque no escoja su propia ropa.

En cambio se siente libre: de prisas, de modas, de escondites… No necesita disimular porque ya es perfecta.

En este punto de la historia volvemos juntas a ese pasado reciente. Es primavera. Subo la persiana y todo el cuarto se llena de luz.

Abro decidida la puerta de ese armario caótico y desordenado lleno de ropa que, en su gran parte no uso.

 

Necesito que algo cambie… Necesito volver encontrar ese amor a mi misma en el cajón. Empiezo por sacarlo todo.

Hago tres montañas:

  1. La ropa que no está en buen estado y voy a donar o tirar.
  2. La ropa que me gusta mucho, me sienta bien y siento que va conmigo.
  3. La ropa que no me gusta demasiado ni me hace sentir bien o la siento reflejo de lo que soy y a la que voy a dar una segunda oportunidad durante unos meses.

El segundo montón es ridículamente pequeño.

 

Ahora que estás dentro de mi casa, de mi armario y de mi alma quisiera preguntarte algo:

¿Alguna vez te ha pasado esto?

  • Ponerte delante de un armario lleno de cosas y decir que no tienes nada que ponerte.
  • Probarte medio armario y cambiarte 20 veces y, aún así, no sentirte bien con nada.

Si ha sido así te invito a preguntarme como yo hice ese día ¿Por qué pasa esto? Las respuestas podrían ir por aquí:

  • Porque te falta autoestima.
    Porque no has dedicado el suficiente tiempo a escucharte y conocer tu estilo y la ropa que más refleja tu personalidad.
    Porque te has dejado llevar por modas, opiniones de otros.
    Porque has primado la ropa barata de mala calidad con tejidos que no te hacen sentir cómoda o que se rompen enseguida.

 

¿Cómo te ayuda el minimalismo y la filosofía slow a solucionar esto?

  1. Planteándote tener un armario con menos prendas, de mayor calidad y más sostenible.
  2. Proponiéndote diseñar, poco a poco, un armario de ropa acorde con tu personalidad que refleje tu belleza interna, que te haga sentir cómoda y guapa.
  3. Invitándote a tener un armario más organizado en el que hay menos cosas.

Estos tres puntos, te conducen a lo siguiente:

  • Menos tiempo ante el ropero.
  • Espacios más despejados.
  • Más tiempo y espacio para lo verdaderamente importante.
  • Te sientes mejor por dentro y por fuera y cuidas el planeta.
  • Tu relación contigo misma y tu modo de verte comienza a cambiar y, por tanto, también lo hace tu manera de relacionarte con el resto.

¿Ves hasta qué punto esta historia es importante en tu vida?, ¿Te das cuenta?

 

¿Está el minimalismo dentro de ti?

Seguro que has escuchado hablar mil veces de esto del minimalismo ¡Está todo por todos lados! Sin embargo esto no es lo importante.

Lo importante es que te preguntes si está también dentro.

Te propongo que antes de comenzar a experimentar el minimalismo y la vida simple te pares a tomar un café contigo misma y te hagas las siguientes preguntas:

  1. ¿Por qué quieres simplificar tu vida?
  2. ¿Qué te está molestando de tu estilo de vida actual?
  3. ¿Cuáles son tus objetivos, motivaciones y metas?

 

Para mi es importante transmitir a mis lectoras que todos y cada uno de los consejos y propuestas que ofrezco en el blog y en mis productos, están pensados para ser implementados, poco a poco, de manera progresivas a lo largo de meses y años.

Así ha sido en mi propio caso y sigue siendo.

No es que este pensado así es que está en nuestra propia naturaleza que las cosas sucedan a su ritmo y respetando los tiempos adecuados. Así que no tengas prisa. Este es un camino para ser disfrutado. No te obsesiones con la meta. Y ahora mi propuesta:

 

Te invito a llamar a tu niña interior para que rescatéis juntas todo ese amor que había dentro de tu armario cuando eras pequeña

¿Y cómo puedes hacer esto? Hay mil maneras distintas. Estas son mis propuestas para el reto #rescatala número 1.

 

1. La puerta se abre y la niña aparece.

La próxima vez que abras tu armario para vestirte visualiza a esa niña. Cierra los ojos si hace falta, párate un momento, mira una foto si es necesario.

Recuerdate en ese mejor momento de tu infancia en que te mostrabas segura y relajada ante la ropa. ¿Recuerdas que sentías cuando todo era mucho más simple, cuando no te juzgabas o exigías parecer nada ni parecerte a nadie?

Ahora elige la ropa que esa niña que fuiste se pondría hoy. Juega a adivinar que le gustaría a ella de todo el armario y vístete para situarte ante el espejo. 

Una vez allí pregúntate que sientes, cómo te ves. ¿Necesitas mirarte con más amor? En ese caso te propongo el primero de los recursos: este vídeo. Cinco minutos ante el espejo que te cambiarán por dentro. Míralo ahora…

¿Qué has sentido al verlo?, ¿Tú también te has puesto capas? Está todo dentro pero no lo puedes sacar porque no es fácil como dice la chica de la escena que acabas de ver pero no imposible.

Este reto es una oportunidad para hacerlo.

 

2. Antes todo era simple. ¿Por qué no puede serlo ahora?

 Porque hemos puesto infinidad de capas de juicio entre nuestro aspecto y nuestra verdadera naturaleza: la de la niña. Lo complicamos en el momento en que dejamos de mirarnos con sus ojos.

Quizás necesites cortar ese discurso mental desmotivador con la acción. La acción aleja el miedo y nos empuja hacia nuestros sueños.

En esta segunda propuesta te invito a abrir de nuevo tu armario y escoger ese conjunto de prensas que te hagan sentir más tú misma, más cómoda, más guapa (por dentro y por fuera).  

¿Te cuento en que consiste mi armario capsula veraniego? Cuatro pantalones estampados y fresquitos, dos faldas pantalón cortos, 10 blusas / camisetas, cuatro vestidos, una chaqueta y una rebeca, tres pares de zapatos, tres camisones, dos bikinis y dos monos.

¿Sabes una cosa? De las prendas que te he citado más de un 80% son nuevas adquiridas justo ayer porque he aumentado una talla y porque a mi armario le hacía falta un buen lavado de cara.

Si vas a pasarte varios meses vistiendolas a diario no es una buena idea usar prendas con las que no te sientas cómoda. Tienes que emplear una tarde o varios días: un poquito de tiempo en deshacerse de lo que ya deba salir de tu armario y dejarlo listo para la nueva temporada.

Si hace falta piensa incluso con que vas a conjuntar cada parte y crea equipos posibles. El objetivo: que las horas ante el armario se reduzcan para emplear tu energía en otra cosa. ¿Recuerdas? Así comenzaba la historia de tu armario que te he contado al principio.

Si en estos momentos no tienes tiempo o energía para realizar todo el proceso paso a paso con el tiempo y la consciencia que requiere puedas optar por una revisión previa para, al menos, entrar en contacto con esta idea en verano.

Simplemente, escoge un máximo de 33 prendas y ya pensarás que hacer con el resto de ropa. Gáardala en una caja o cajón hasta que encuentres un momento mejor.

Si por el contrario ya has comenzado a practicar el minimalismo y te atreves con ello, sigue explorando posibilidades y no te olvides de venir a contarnos.

El segundo recurso que te dejo es el post en el que cuento como comencé por primera vez a participar en el Proyecto 333. Ha llovido mucho desde entonces. ¡El post es de 2013!

Espero que te sirva para hacerte una idea de mi mentalidad entonces y espero también que, si te apetece, te unas al boletín para que sigamos hablando de minimalismo y pueda contarte a lo largo de todo el curso mis cambios al respecto. Es posible implementar todo esto, con tiempo. Es todo lo que necesitas. Si te saltas pasos no funcionará. Si te obsesionas tampoco.

 

3. Despertando a otras niñas interiores. ¿Estáis ahí?

La tercera de mis propuestas es que hagamos de este viaje junto a nuestras niñas una aventura de verano colectiva. Serán nuestras particulares “Vacaciones Santillana” divertidas. 

Puede que no todo sea divertido, a veces, será simplemente revelador, esclarecedor, nos hará ser conscientes de cosas que arreglar pero siempre podemos recibirlo como algo nuevo, un aprendizaje para crecer. Compartirlo con otras lo hará más significativo.

Estas tareas de verano consistirán, con este y los retos que vendrán, en despertar a las niñas interiores de otras mujeres, las que tú quieras: del mundo off line y on line.

No adelantemos acontecimientos. A medida que las rescatemos. ¡Ya veremos que pasa! Estoy segura que vamos a sorprendernos. Ojalá tanto como esta adorable niña ante este tren. 

A lo mejor son mis pasajeras sin prisa las que van a bordo.

Recuerda que a partir del reto dos los recursos extra sólo estarán disponibles para suscriptores pero podrás ir allí a verlos. Es mi manera de premiar a los pasajeros que dedican un poquito de su tiempo a viajar conmigo en la estación.

¿Subimos?

Para terminar te dejo esta carta a tu niña interior que tuve la suerte de compartir hace un par de semanas con los oyentes de Canal Extremadura Radio en el programa “Los Sábados al sol”.

Cuando una periodista no se aleja de esa niña surge la “radio lenta” con propuestas tan hermosas como las que nos hace Chus García en la radio cada fin de semana.

 

¿Te animas a unirte al reto #rescatala? ¿Comenzamos ya?

Para recibir los recursos extras rellena este formulario y serás dado de alta en mi lista de correo. Si ya eres suscriptor no hace falta que hagas nada para recibir el material semanal. ¡Ya estás dentro!

Para comenzar a crear post con los resultados de este experimento – siéntete libre de hacerlo del modo en que prefieras – crea los post que quieras y difunde con el hastag #rescatala en cualquier red social.

Si te apetece comentar la “jugada”, nunca mejor dicho entra en el grupo de facebook para hacerlo aún más visible. Contaré con la participación de otras bloggers que sacaran a su niña a pasear para divertirnos juntas.

No lo olvides: este es un reto para liberarte, dejar de juzgarte y reencontrarte con la ligereza y seguridad de aquella niña que fuiste. Es un placer que estés aquí.

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