slow food

Los olores tienen la característica de reproducir tiempos pasados junto con sonidos y olores nunca igualados en el presente. A Tita le gustaba hacer una gran inhalación y viajar junto con el humo y el olor tan peculiar que percibía hacia los recovecos de su memoria”. Laura Esquivel. Como agua para chocolate.
 
 

Ahora que ha llegado el verano y tras un largo curso de obligaciones y vida de adultas, las mujeres en torno a la comunidad del Club de la Gente sin Prisa nos hemos rebelado y nos auto reivindicamos un respiro. Sólo queremos divertirnos un poco, sentirnos más ligeras, pararnos a apreciar los placeres pequeños, bellos y lentos.

¿Lo hacemos con el reto Rescátala?, ¿Quieres pasar parte del verano rescatándo a tu niña interior? Entonces revisa la primera propuesta del reto o quédate un ratito a leer lo que viene y, después, decides si te resuena o encaja contigo.

Soy una gran amante de las estaciones frías pero creo que el verano es una época perfecta para experimentar la lentitud en sus muy diversas facetas. No se me ocurre mejor manera de ralentizar que volver a conectar con ese lado infantil que nos despoja de excusas, complejos o medias tintas.

Me gustan las noches de verano, cuando baja el calor y la brisa nos refresca el rostro después de toda una jornada de altas temperaturas, o la sensación de sumergirte en una piscina y que de fondo huela a bocata de salchichón como cuando éramos pequeñas. El frigo-pie derritiéndose y goteando en la toalla mientras charlas, la ducha de después del baño y los paseos bajo las estrellas.

La imaginación y los recuerdos se disparan de un modo inconsciente y, de repente, nos sentimos bien sin saber muy bien de dónde viene esa sensación. 

Te propongo hacer este reto de esta misma manera: sin medias tintas, recibiendo sin apuro ni timidez, sin sentirte en absoluto ridícula los mensajes de esa niña que fuiste.

 

La niña se sienta a la mesa. Un viaje lento a través de la comida.

Si el jueves pasado esa niña viajó al presente para colocarse delante de tu armario, abrirlo y hacerte algunos recordatorios sobre lo que en otra época, significaba para ti vestir, en esta ocasión la niña entra en tu cocina y se sienta a la mesa.

La slow food nos invita a conocernos más en el presente a través de nuestra relación y conexión con la comida Clic para tuitear

Basta parar un poco a reflexionar o, si lo prefieres y te resulta más atractivo, a viajar. Te invito a un viaje mágico y especial no sólo por los olores y sabores de tu infancia sino por muchos otros momentos de esa mujer que fuiste en los que la comida estuvo presente.

Porque aunque no seas consciente de ello porque la memoria es frágil han sido muchas las veces en que has disfrutado con todos tus sentidos de los alimentos y muchas las veces las que has asociado ese placer gastronómico con otros placeres vitales: la tarta en los cumpleaños de los primos de la infancia o el café compartido con amigos, por poner dos ejemplos.

De este modo, los alimentos dejan de ser alimentos por sí mismos. Su mejor característica no es que nos resultaran ricos sino que además enriquecieron de algún modo nuestra alma.

 

Cocina, recuerdos y aromas

Si alguien me preguntara, cuáles son los olores y sabores de infancia que más han permanecido en mi memoria, tendría claro el lugar al que iría. Gran parte de mi infancia está vinculada al recuerdo de los viajes al pueblo y a ese ambiente tan característico del campo.

Uno de los recuerdos más significativos de mi infancia es el de mi abuelo llegando a casa con la leche de vaca recién ordeñada en la tarra y mi abuela cociéndola en la cocina. El olor a nata que impregnaba toda la casa y por supuesto el sabor y el olor de la leche fresca al tomar la merienda en las tardes de verano.

Pero tengo más recuerdos de olores y sabores ligados a mis vacaciones en el pueblo, por ejemplo, el olor del salchichón casero al entrar en el lugar donde se secaban, el olor de las migas preparadas en el caldero en pleno invierno en la chimenea o el olor de las sopas de tomate o los cocidos, que se hacían con mucha paciencia y tiempo a lo largo de toda la mañana.

Es curioso como los olores y sabores pueden también recordarnos a personas. El olor del bizcocho recién horneado me recuerda a mi madre, el sabor de las aceitunas machadas y el tomate me recuerda a mi abuelo, por citar sólo dos ejemplos de los muchos que podría asociar a las personas de mi entorno. 

Una recuerda incluso sabores que ha degustado a través de un buen libro, como ese sabor de almendras amargas en “El amor en los tiempos del cólera”.

 
Y es que más allá de la belleza y la poesía, el olfato puede ser un canalizador muy efectivo de las emociones y los recuerdos. No sólo lo dice García Márquez, lo dice la ciencia y la biología, lo dicen multitud de estudios realizados al respecto y lo confirma tu propia experiencia.
 
Investigué durante toda una semana sobre el tema de los sentidos mientras disfrutaba creando con Mia nuestro Curso de Cocina Lenta ya que dedicamos todo un capítulo a esto. Sinceramente después de hacerlo en profundidad, es imposible no sentirse sorprendida por lo maravilloso que es nuestro cuerpo por dentro y la manera en que funciona.
 

 

¿No es absolutamente hermoso?

Sin lugar a dudas el olfato es uno de los sentidos con más “superpoderes”. ¿Sabías que nuestra nariz es capaz de distinguir entre más de 10.000 aromas diferentes?
 
Pero aquí no queda la cosa pues nuestra memoria olfativa funciona de un modo apasionante conectando aromas y recuerdos ¿Sabes que pasa dentro de ti para que esto suceda?
 
Te pondré un pequeño ejemplo incluído en el capítulo 3 de la Cocina Lenta de Mia & Mamen.
 
Imagina que tienes seis años y acabas de volver del colegio. Te acercas a la cocina y ves a mamá preparando uno de los platos que más te gusta, por ejemplo, unas tiernas magdalenas caseras.
 
En ese momento unas pequeñas células llamadas “epitelios olfatorios”, ubicados en el interior de tus fosas nasales, captan el rico olor de las magdalenas y lo envían mediante una señal eléctrica al bulbo olfatorio. El “señor bulbo olfatorio” es el encargo de enviar esta información al cerebro, especialmente al sistema límbico. Una vez allí suceden dos cosas:
 
Por un lado la amígdala conecta el olor de las magdalenas con una emoción, en este caso, la alegría, el entusiasmo o la ilusión de poder probar esas magdalenas en tu merienda con un rico y fresquito vaso de leche.
 
Por otro lado, el hipocampo se encarga de relacionar ese olor con un recuerdo en la memoria. De manera que ahí lo tienes. Desde ese momento y de un modo tan físico pero tan mágico las magdalenas caseras quedarán para siempre asociadas en tu memoria a tu madre y a las meriendas de la infancia.
 
Puede incluso que con el paso de los años olvides este recuerdo pero tu memoria olfativa no lo hará y, de repente, al entrar a una cafetería en la que acaben de hornear unas magdalenas, sientas algo muy parecido aquella emoción de infancia. ¿No es absolutamente hermoso?
 

 

La máquina de tiempo existe y puedes hacerla funcionar. ¡Es el olfato!

Después de leer esto coincidirás conmigo en lo siguiente:
 
 
Me imagino la memoria olfativa como una gran red en el interior de nuestro cerebro y, por supuesto, de nuestra alma, como una compleja red de metro con millones de conexiones y paradas.
 
Cada uno de los vagones puede hacerte conectar con lo más profundo de ti mismo aunque, habitualmente, tú no eliges el vagón ni la hora de cogerlo pues esas experiencias aparecen por sorpresa, al cruzarse algún olor que ya estaba ubicado en ese gigantesco y peculiar inventario.
 
La mayoría de las personas viven estas experiencias en piloto automático, sin saber porque ocurre realmente. Tú ahora eres un poco más consciente de las maravillas que es capaz de realizar tu propio cuerpo.
 
Ahora tienes la oportunidad, de tomar esos vagones durante esta semana y rescatar esos olores y sabores que son importantes para ti hoy porque antes lo fueron en el pasado.
 
Nuestra base de datos de olores está dentro de nosotros y podemos estimular la memoria olfativa para experimentar con ella.
 
La cuestión es que pese a su enorme potencial y su extrema sensibilidad es uno de los sentidos que menos atendemos. Cocinar lentamente nos da una oportunidad extraordinaria de recuperar el potencial del sentido del olfato tan subestimado en nuestra sociedad”
 
 
 

Comida, cuerpo y emociones que sanan

Mia y yo pasamos muchos días mientras preparábamos el curso viajando, por momentos, a diversos recovecos de nuestra memoria, jugando y compartiendo con la otra el resultado de este apetecible experimento.

Cuando me encontraba en mitad de la preparación del capítulo sobre el tema de este post y realizando previamente los ejercicios que posteriormente propusimos a nuestras alumnas, hubo un momento en que me paré en seco y me pregunté: ¿Pero de verdad a esto se le puede considerar trabajo?

De toda mi vida profesional este fué uno de los cursos que más he disfrutado y, en concreto, este capítulo me hizo sentirme apasionada, entusiasmada, niña y, a la vez, una adulta consciente y llena de calma. 

No todo es del color de rosa y quizás te estarás preguntando si no hemos tenido en cuenta la parte menos buena, esa que nos coloca frente a frente con emociones no tan postivas relacionadas con la comida o con la forma en que nos hemos visto en determinados momentos a nosotras mismas.

No nos hemos olvidado de ello. De hecho en determinada parte del capítulo compartimos:

Me pregunto cuantas personas tienen anécdotas de este tipo asociadas a sus recuerdos con la comida por tener kilos de más o de menos y cuántas de ellas ni tan siquiera son conscientes del modo en que ello afecta a su autoestima.

Tenemos que reconectar con esos recuerdos y emociones para sanarlos. Tenemos que sacarlos fuera y después pasar página, estrenar nueva mirada. aceptarnos de una vez.

 
Sólo de esa manera podremos disfrutar al máximo de una cocina lenta y consciente y de uno de los mayores placeres del ser humano: la comida.

 

 Cocinar lentamente nos da una oportunidad extraordinaria de recuperar el potencial del sentido del olfato Clic para tuitear

Y ahora ¿Jugamos?

Para terminar te dejo algunas sugerencias para participar en el reto rescatando olores y sabores:

  • Recupera una receta familiar y cocinarla con otras mujeres de tu familia. Toma nota de la receta y guárdala como un tesoro para transmitirla de generación en generación.
  • Haz una lista de tus cinco principales recuerdos asociadas a la comida en tu infancia.
  • Párate un momento y juega a pensar con que olor o sabor relacionadas a diferentes personas a las que quieres. También con las que ya no están.
  • Ves al mercado sin reloj y sin móvil, Compra fruta, verdura, café y otras delicias frescas para degustar.
  • Vuelve a casa y cocina sin prisas oliendo y saboreándolo todo, conscientemente, como si en ese momento el mundo se hubiera detenido en tus platos.
  • Usa esta música para cocinar muy lento.
  • Muestra a los demás en las redes a tu propia niña sentada a la mesa y a esa mujer que la rescata y disfruta sin culpas de cada plato.

 

Para ello te invito a enseñarnos a través de fotos, textos, vídeo o de la forma en que prefieras el resultado del experimento o reto. Puedes compartir cualquier cosa: una frase, una receta que acabes de preparar, las fotos de los ingredientes que has traido del mercado, las impresiones y aprendizajes extraídas de cada juego. etc.

Si quieres también puedes compartir un momento lento ante la comida del verano. El reto no acaba en una semana. Todos se mantendrán indefinidamente aunque los post terminen.

¿Empezamos ya a jugar? Si estás suscrito al boletín recibirás algunas regalos extras relacionados con el tema de este post.

Si te apetece y has disfrutado con este reto, Mia y yo te esperamos en Septiembre en nuestras cocinas. Allí podrás unirte a las “confesiones de dos amantes de la lentitud sentadas a la mesa”, convirtiéndote tú en una de ellas. Si reservas antes de septiembre te llevarás gratis algunos bonus especiales que te contamos cuando quieras si nos escribes a: universoflowblog@gmail.com

¡Nos vemos en el reto 3! No olvides los hastag: ·#Rescatala o #RetoRescatala

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