Todas las mañanas me zampo un pre- desayuno de ficción que sustituye al que solía tomar antes: abrir los ojos, coger el móvil para apagar la alarma y quedarme un buen rato enganchada al muro de facebook o al correo.

Todas las mañanas me zampo un pre- desayuno de ficción que sustituye al que solía tomar antes: abrir los ojos, coger el móvil para apagar la alarma y quedarme un buen rato enganchada al muro de facebook o al correo.

 

Hoy, “gracias” a la alergia, he abierto los ojos antes de que suene el despertador, cosa que casi nunca pasa. Soy de esas personas con gran facilidad para dormirme y a las que podrían robarle la habitación entera y no despertarse. No tengo problemas de insomnio, desde luego. Pero hoy me he adelantado ,incluso, al chico de las zapatillas. Y ¿sabes qué? Me ha gustado. Definitivamente las 7:15 no son lo mismo que las 7.45, la hora a la que suele sonar mi móvil. Ya se que sólo hay media hora de diferencia pero, justo en ese intervalo, el vecindario aún sigue dormido, el silencio impera y pareciera como si el día aprovechará ese fragmento de tiempo para apurar sus últimos minutos sin ajetreo, antes de que millones de personas en todo el mundo empiecen a correr, a trabajar y a llenar las ciudades de coches y ruido.

Esos momentos, con esa luz tan bonita y esa paz que también se siente en los momentos excepcionales de algunas madrugadas en que “deberíamos” estar ya dormidos, son bastante inspiradores. Hoy he adelantado la hora de lectura de los dos capítulos que suelo leer como primera tarea del día, antes incluso de poner un pie en el suelo. Todas las noches dejo el libro que tenga entre manos en la mesilla. Todas las mañanas me zampo un pre- desayuno de ficción que sustituye al que solía tomar antes: abrir los ojos, coger el móvil para apagar la alarma y quedarme un buen rato enganchada al muro de facebook o al correo.

Llevo poco tiempo practicando este habito matutino y os puedo asegurar que los detalles marcan la diferencia y que el día se empieza de otra manera.

Este pequeño cambio me ha traído varias ventajas:

1. Encontrar un momento del día donde leer sin prisas, algo de lo que te hablaba en este post: el arte de leer sin prisas en un mundo acelerado. Lo he intentado por la noche pero, no lo puedo evitar, leer de noche me produce sueño.

2. Leer más ficción. Recién levantada no me apetece leer algo técnico o libros de desarrollo personal, nutrición, etc. Prefiero dejarlos para otra hora del día y que este sea de verdad mi momento slow por la simple razón que leer de lo otro (aunque me apasione) es trabajar y leer novelas me hace cambiar el registro.

3. Conseguir eliminar de la primera hora del día la tecnología y pantallas. Tengo todo el día para consultar correos o trabajar con mi blog. Las pantallas pueden esperan durante un rato. ¿No te parece?

4. Y lo que es aún más importante para mi. Conseguir madrugar sin pasarme media hora prologando la alarma del móvil, algo que llevo toda la vida haciendo. ¿Te ves incapaz de hacerlo por el mismo motivo? Vanesa, de No quiero otro pijama, en línea con esto recomienda en su blog el siguiente truco para que te cueste menos madrugar y que, sin darme cuenta, ha sido el kit de la cuestión en mi caso.

 

Busca algo que te encante hacer

Cuando suene la alarma y tengas que levantarte, tu cerebro va a hacer maravillas para que razones que tu no tienes por qué madrugar. Por eso, cuando cultivas el habito de levantarte temprano, tiene que ser por algo que te produzca mariposas en el estomago. Tiene que ser por algo que realmente te guste mucho hacer. Algo para lo que “no tienes tiempo” nunca. Luego, cuando tengas la costumbre de madrugar asumida, podrás emplear la mañana a conveniencia, pero cuando cultivas el habito, es importante que levantarse sea motivo de alegría.

 

Como ves aquí no hay nada de teoría y mucho de ejemplos reales. Todo esto no hace más que reafirmarme en la idea de los hábitos se cambien desde la motivación, no desde la obligación o prohibición. Si quieres conocer más experiencias de madrugadoras echa un vistazo a los consejos de Valentina en su blog sobre minimalismo y bienestar.  

¡Feliz momento slow!